EMBLEMA

La enseña de esta cultura es la desilusión; la gente camina por las calles, viaja en autobús y conduce su coche en un sueño casi permanente, apenas en contacto suficiente con la realidad como para detenerse ante un semáforo, o evitar un accidente. Al mirar, tras un cristal, el caminar de las personas se ven en su rostro pesadillas o fantasías, alucinaciones o ensueños que se registran en rostros inexpresivos, duros, o enigmáticamente activos, rostros que bloquean la realidad con sus tensiones musculares y que reaccionan ante las fantasías interiores como ante un teatro en que el actor se cree mas el escenario que el patio de butacas. Es un talante refractario a la vida, no hay un propósito, una dirección, una meta; la falta de armonía tiene su origen en una realidad interior inexistente, lo más íntimo se sustenta en una ilusión permanente, mecánica, en una angustia por no ser. La voz, la respiración, los hombros, la espalda, se vuelven rígidos, no solo el carácter se vuelve rígido, el cuerpo, los músculos, las articulaciones se endurecen y envejecen, demasiado pronto, demasiado rápido.

La falta de compromiso con el mundo impide un código moral propio, una ética personal es un modelo de comportamiento frente al ambiente, cuando la conducta se rige por principios propios el proceso de unificación es posible, cuando es el entorno el que decide el comportamiento ¿dónde está el ser que podría unificarse?.

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