PRINCIPIOS

Si el esfuerzo cotidiano esta marcado por la voluntad de otros, ¿dónde queda la libertad?, solo los propios sentimientos, la propia voluntad, el pensamiento, deberían decidir que se hace día a día, que tarea realizo y en que forma. La conciencia no existe cuando mis propios actos son dictados, intervenidos y juzgados por otros. Hay una frustración en el quehacer cotidiano, cuando por la mañana ya se ha llenado el día de debo hacer, debo hacer ...debo hacer, y apenas casi nada o ...nada de: quiero hacer, todo parece llenarse de obligaciones ineludibles que solo ceden ante deberes más ingratos todavía. A lo largo de la jornada ves personas al borde de quebrarse, unas sustentadas por el alcohol, otras por las emociones negativas, otras por su depresión que las mantiene en la tibia incapacidad de no poder decidirse por nada, perdidos entre una nube de sentimientos, sin la suficiente fuerza para sacarlos del conflicto en que se encuentran, disociados de si mismos. Todo el mundo subordinado a una voluntad desconocida, que opera en la sombra, a través de las tinieblas del miedo, el miedo a vivir de una mente que prefiere el control, el orden, a la experiencia libertaria y energizante de vivir con las propias emociones, pensamientos y sensaciones.

No es tan sencillo, y ya está. No es solo eso, cuando se vive con emociones y sensaciones ficticias, lo real ha de quedar reprimido, suprimido, y eso el cuerpo solo sabe hacerlo ahogando en un mar de tensión el viento de libertad que llega del caos.

El intelecto consume su energía en el intento de mantener controlado todo lo que sucede alrededor, así el dominio aumenta y la vitalidad disminuye, nuestro sistema nervioso gusta del orden, pero este no existe más que en nuestra mente, ella agrupa estructuras desordenadas y les da un carácter que en esencia no poseen. El caos es una ley de carácter superior, la mente lucha, se resiste al caos evidente y crea estructuras que se disolverán de nuevo en la entropía. Es una digna lucha, la batalla de un guerrero que sabe perderá la última contienda y aún así organiza hoy un nuevo orden que desaparecerá mañana, pero para un guerrero solo hoy existe. La dignidad de un contendiente reside en sus principios, su código de honor es su vida. La vida es para vivirla en su totalidad, tal como muere la totalidad de cada uno.

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