LA RELAJACIÓN, UNA MIRADA AL MUNDO REAL

La educación nos ha conducido a pensar que el pensamiento es la cumbre de la evolución en el ser humano, quizás sea así, aunque yo me atrevo a disentir, creo que el pensamiento es una herramienta, como lo son los ojos, las emociones o mis manos. Es una herramienta poderosa para contruir una sociedad tecnificada pero no hombres felices.

Cuando practicamos relajación observamos que parece que podamos atender a más cosas al mismo tiempo, puedo percibir sonidos, sensaciones, emociones, pensamientos, todo a la vez y con un nivel de integración desconocido para mí hasta que llevo un tiempo practicando relajación.

La relajación es algo que sucede en paralelo, el pensamiento es lineal, no puedo tener experiencias con el pensamiento, es más puedo intervenir tanto que el pensamiento arruine la experiencia, sucede a menudo.

En la fortaleza del pensamiento radica su debilidad, puede hacer una cosa tras otra pero no tres o cuatro a la vez, en la debilidad de la relajación está su fortaleza puede con una atención extendida observar la realidad del entorno con una mirada nueva, solo es preciso que el pensamiento que es una herramienta no se crea que soy yo e impida una experiencia directa de la realidad que me rodea.

 La relajación nos permite observar lo que sucede sin intervenir, sin juzgar,  permitiendo que la experiencia suceda íntegramente y dejando el análisis y el juicio para más tarde. Permite por tanto considerar las situaciones de cada día desde una nueva perspectiva, enriqueciendo la experiencia cotidiana al concedemos otro punto de vista.

Estamos tan acostumbrados a considerar el pensamiento como el eje de nuestra vida que no percibimos su automatismo febril, que interfiere ocupándolo todo, sin cumplir cuando y como debe en sus labores específicas de elaboración de procesos lógicos y racionales, expandiéndose por labores que no corresponden a su función y abandonando las propias.

En cierta forma el pensamiento está muerto, es recuerdo, es pasado, la experiencia es ahora, sucede en este instante, está llena de riqueza y de vida, y sin desearlo, justo en este instante en vez de sentir, de apreciar sensorialmente este momento único el pensamiento desea obtener los frutos de la experiencia dejándola apenas en nada, cenizas de la realidad que no puede ser contenida por un sistema lineal, como el agua no puede ser atrapada en un cedazo. La relajación pretende hacernos ingresar en el momento presente, donde se encuentra el momento en que puedo ser vital, en que mi energía puede ser regenerada, la experiencia de una realidad me llena de fuerza porque puedo percibir al mismo tiempo con mi cuerpo, emoción y pensamiento una realidad que se quedaría gris si solo la apreciara con una mínima parte de lo que yo soy.

Hace falta valor siquiera para atreverse a intentar experimentar directamente el filtro del pensamiento o las ideas preconcebidas. La experiencia une, el pensamiento separa, existen el hombre y la mujer, lo alto y lo bajo, lo blanco y lo negro, son realidades, solo el pensamiento los trasforma en contrarios, en opuestos. Esta dicotomía imaginaria consume excesiva energía a diario.
La relajación es crecimiento, porque es experiencia, no se puede crecer solo hacia fuera, las personas no pueden hacerse solo más viejas, un árbol no crece solo hacia el exterior, no destruye su pasado, crece con el integrando todo lo que fue para llegar a ser lo que es, sus raíces su tronco y las ramas con sus hojas forman un todo integrado. No puede haber un desarrollo desequilibrado de su tronco y ramas a costa de las raíces o-el árbol caerá;- ¬Nuestro cuerpo, intelecto y emociones han de desarrollarse de forma armónica, y hacía una misma dirección hacia arriba, como los árboles.

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