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VERSIóN IMPRIMIBLEimprimir / 3486 lecturas / Julio 2008

DELEITE

Existen seres que son capaces de proporcionarse satisfacción, que no dependen por entero del medio para obtenerla, esta capacidad puede desarrollarse en los ámbitos físico, emocional o intelectual. El área en que se desarrolle el estímulo que produce complacencia tenderá a ampliarse, consumirá más recursos de tiempo y energía; no nos referimos a ningún proceso lógico, ese espacio de entretenimiento satisfactorio puede ser el fútbol, la televisión, la lectura, el macramé o la búsqueda de la conciencia, una religión también vendría al caso, sobre todo si casualmente resulta ser la única verdadera, como sucede oportunamente con todas y cada una.

No es este un mundo de sueño sin más, es un lugar en que los sueños se sueñan desde otros sueños y los creyentes sueñan que despiertan, al menos del primer sueño, en realidad si se despertara del ensueño aunque fuera brevemente se podría actuar por unos momentos como un hombre libre y cabal, habría un recuerdo de las sensaciones orgánicas que acompañan este intervalo.

La búsqueda de satisfacción sensorial continúa, el cuerpo la busca, una falta de armonía interna desencadena esta deseo indagador, el ejercicio físico proporciona placer corporal, la relación satisfacción emocional, el mundo del intelecto encanto de la mente, que con el juego de la razón imagina niveles de conciencia y el que juega se sitúa, como no, en un buen nivel, en el verdadero, como infalible religión del conocimiento.

En el cimiento de todo hay una búsqueda de deleite, de esa sensación deliciosa de sutil complacencia que es vivir el instante sin el peso del ayer y del mañana, todos los engaños provienen de vivir de memoria el presente, sin introducirse en él completamente. No es que no haya niveles de conciencia y algo impida recorrerlos, es que solo se puede hacer desde este instante precioso en que respiro, y ahora nadie parece tener tiempo, es el ahora lo que se escapa, es mañana y ayer en donde se vive. Planificar el momento en que tendré tiempo para ser consciente de las sensaciones, es no serlo ahora, y proyectar no serlo jamás, es hacerse listas de momentos de conciencia futuros que nunca llegan porque siempre estoy haciendo listas de momentos de inconsciencia. Vivir en el pasado no requiere valor, vivir en el futuro no requiere temple. Vivir ahora requiere una naturaleza dispuesta a explorar la realidad sin procurar que encaje en el diseño que el sueño hizo de ella.

La relajación requiere valor, cada vez comenzar un ejercicio dejando los recuerdos del anterior, evitando que la relajación se realice de memoria, volviendo a explorar la sensación y el cuerpo como si de un estudio científico se tratara, como si jamás hubiera realizado antes una técnica de relajación, dejándome sorprender de nuevo con las sensaciones de calma, de paz, de bienestar y sosiego, en el presente, en el único presente. Y ese coraje se ejercita con la practica llegando en ocasiones a atravesar la frontera del sueño que hay entre un ejercicio de relajación y lo que llamamos vigilia.