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VERSIóN IMPRIMIBLEimprimir / 3618 lecturas / Julio 2008

LIMITACIONES

Aquel que observa interviene en lo observado, e inevitablemente cambia con su mirada el resultado a juzgar. Los músculos son motores, el cerebro es un ordenador, los riñones depuradoras, el corazón una máquina de bombeo; si los mecanismos de adaptación nos impelen a ser rápidos en las respuestas, será necesario que éstas sean cada vez más automáticas, cuando esto ocurra a la perfección el hombre será una máquina inhumana, que lo hará todo con corrección y sin sentido, el conocimiento no será necesario pues todo se hará como es debido.

La relajación implica posibilidad de conciencia, y es ese suceso improbable de la autoconciencia el que permite experimentar, que aunque los riñones se comporten como una depuradora no lo son, no solo eso, que aunque el hombre se comporte como una máquina, no lo es, desde el momento en que se da cuenta de sus procesos mecánicos una oportunidad existe.

Si soy una máquina mi función queda limitada, si soy un ser vivo participo de la grandiosidad dinámica de la vida, por un tiempo, el que dura la vida. Como ser mecánico no participo de nada, nunca, ningún espacio de tiempo. Como ser vivo la energía vital me recorre, la voluntad más inestimable, la voluntad viva invita a participar de un viaje único, un viaje a través del cosmos en la nave espacial Tierra, donde unos escasos seres tienen la oportunidad de conciencia, unos lo aprovechan y otros no, no afecta a la tierra ni al cosmos, afecta a la experiencia individual y vuelve el viaje glorioso o terrible, memorable o espantoso. Es el que observa quien decide que tipo de viaje prefiere y en que compañía.

El proceso evolutivo nos ha preparado para un mundo que ya no existe, ni siquiera podemos aceptar que hoy triunfa el más capaz, ni el más inteligente, las reglas se han vuelto perversas, el éxito depende más de la extracción social que de la competencia personal, triunfa la tribu, no el individuo. Como la familia ha quedado reducida, así lo ha hecho la tribu hasta quedar comprimida a la estirpe familiar, con lo cual el éxito depende en gran parte de cual es tu linaje.

Las reglas de la evolución siempre han sido ladinas, la astucia de: sobrevive lo que queda, no implica que permanezca lo mejor, subsiste lo que se reproduce y deja suficiente descendencia para seguir siendo portador de vida. La libertad es el estrecho canal de un riachuelo entre moles inmensas de abismos que designan sus limites; ni siquiera lo que nos mantiene con vida es deliberado, el latido del corazón, el peristaltismo, la función de los distintos órganos, es involuntaria, está regida por los automatismos más insondables, más poderosos cuanto más importante es su cometido para mantener la vida. Aquello en nosotros que es automático nos une profundamente a la vida, aquello en nosotros que debe ser consciente nos une con intensidad a la vida, y mantiene un equilibrio sutil entre conciencia e inconsciencia, el problema surge cuando la evolución mecánica parece exigir que la mínima posibilidad de conciencia cese, porque el mundo no requiere más que la inteligencia de unos pocos, la conciencia de raros sujetos es suficiente, para que la vorágine de los miles de millones naciendo y muriendo en masa prosiga, la conciencia debe concluir, los mecanismos que sellen las conciencias deben ponerse en marcha y lo hacen.

La cultura es un medio de transmisión de la evolución, vemos la cultura como una producción independiente de la mente de seres brillantes, cuyo talento en realidad surge del inconsciente, lugar desde el que la inmensa mayor parte de genios consagrados sirven a la mecanicidad más absoluta, la literatura, el cine, la TV consagran valores evolutivos. La información salta del código genético al holograma informativo de un mundo global.

La cultura es un arma de combate, por medio de la cual diversos linajes humanos intentan imponerse al resto, la información y el control de la misma se vuelven entonces esenciales para lograr el objetivo de imponer un modelo, unas creencias, una cultura superior, superior porque extingue a las demás, porque sobrevive donde las otras perecen, crece y se desarrolla devorando cualquier discrepancia.