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VERSIóN IMPRIMIBLEimprimir / 4530 lecturas / Julio 2008

EVOLUCIÓN Y CONCIENCIA

No parece que la dirección de la evolución sea la de la conciencia, de entre todas las especies conocidas solo una parece tener posibilidad de elevar su nivel de conciencia, y precisamente esta parece esforzarse en limitar cuanto pueda esa capacidad. Si la dirección genérica del proceso evolutivo parece que se orienta en masa hacia el automatismo en cada una de sus funciones, si el gasto energético por mantener un sistema neuronal es muy elevado, no es de extrañar que la corriente de la vida opte por el todo a 100 de la inconciencia, es más barato, se reproduce más; la vida lo prueba todo, y al igual que existen un porcentaje de hermafroditas por cada millón de habitantes, se hallan personas con posibilidad de inteligencia-conciencia en un determinado porcentaje, las rarezas de la naturaleza no pueden considerarse la pauta con que describir el criterio de la normalidad. El sufrimiento de los grandes genios de la humanidad ha sido la regla, al pensar que los demás eran como ellos mismos, cometían el mismo error aunque en sentido contrario del que cometía la masa con ellos. La naturaleza lo prueba todo y ello ha supuesto una ventaja no para lo que podríamos llamar genios, sino para aquellos que sin serlo han aprovechado en su propio beneficio los descubrimientos aquellos.

Es un error considerar siquiera una mínima tendencia en la evolución hacia el desarrollo de la conciencia, hay una mayor predilección en la naturaleza al desarrollo de cornamentas (como sistema defensivo) que al aumento de la capacidad neuronal, casi hay una predilección por cualquier dirección excepto por aquella que suponga sustentar neuronas que permitan la autoconciencia.

La reproducción sexual con su constante aporte de cambio genético lo prueba todo, proporciona el material base, sin embargo no decide que se adaptará, que elementos serán más aptos en un tiempo y lugar concretos para un nuevo proceso de reproducción, ello será zanjado en el breve espacio de tiempo que lleva alcanzar la madurez sexual y la lucha por la reproducción.

El paradigma de la autoconciencia es que ni impele a la reproducción, ni a la adaptación al medio, la autoconciencia busca lo mejor para ese organismo en concreto y ello queda al libre albedrío de la propia conciencia, ¿qué es lo mejor para un ser determinado en un espacio tiempo en concreto?, esa es la primera pregunta a resolver por la propia conciencia (y la respuesta incumbe a la inteligencia somato sensorial y a la abstracta, que deben trabajar unidas). La posibilidad de autoconciencia no implica su desarrollo, su aparición esporádica envuelve al sujeto en una serie de interrogaciones que no son necesariamente la pregunta esencial: la primera pregunta. Y la respuesta será distinta para cada ser con posibilidad de autoconciencia, si acaso llega alguna vez a plantearse la pregunta.

La inconciencia apenas plantea dudas, por tanto no hay vacilación ni indecisión, en cada momento ese ser cree hacer lo correcto, y en caso de conflicto siempre es el otro el que se equivoca, no hace falta mucho sistema neurológico para ello, el ahorro energético es claro. La estupidez avanza, las líneas convergen hacia el mínimo esfuerzo. Los más adaptados se encumbran en la pirámide de cada especie, en la humana por tanto los más inconscientes alcanzarán la cima del poder en la política, la empresa, las instituciones religiosas y civiles, sacrificando lo mejor de si mismos en aras de la jerarquía que mide el éxito adaptativo. El problema consiste en medir comportamientos inconscientes en términos de bondad o maldad, tal como si quisiéramos valorar comportamientos morales en la vida de los paramecios, las fuerzas de la vida llevan a determinados conjuntos de genes hacia arriba cuando se conjuga un medio social adecuado, y a otros hacia abajo. La pregunta sería: ¿vale la pena estar en el juego del éxito?, el precio es la muerte de la autoconciencia, precio elevado para el que la tiene e ínfimo para quien no sospecha que podría alcanzarla, pues cree poseerla toda y en grado sumo. Todo el mundo cree ser inteligente aunque su memoria sea deficiente.