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VERSIóN IMPRIMIBLEimprimir / 6612 lecturas / Julio 2008

SENSIBILIDAD

Somos más sensibles de lo que imaginamos, nuestros ojos pueden captar la luz de una cerilla que se enciende a una distancia de 20 Km., nuestro olfato reconocer olores de substancias de las que se encuentran un par de moléculas entre un millón, lo mismo sucede con el gusto, el tacto y el oído. En suma somos un conjunto energético capaz de explorar las energías del medio en que nos encontramos con una precisión prodigiosa. En el fondo todo lo que captamos son variaciones en los distintos campos energéticos, lo que llega al ojo es una mínima fracción de la energía que la cerilla consume, recorre 20 Km. y el ojo la recoge, lo que recibe el oído son cambios en la presión del aire a través del cual circulan las ondas, son energías mínimas captadas y descodificadas con toda precisión.

No sabemos definir muy bien que son las emociones y sin embargo podemos sentir el estado emocional de otra persona, somos sensibles a las energías que nos circundan más allá de lo que imaginamos, un medio tenso nos vuelve tensos, se embebe en nosotros como el agua en una esponja, un medio plácido hace aflorar emociones que surgen sin pretenderlo. Parecería que todo se trataría de proporcionarse el entorno adecuado, sin embargo hay algo más, mucho más, cada uno es ya su propio entorno y lo lleva a todo lugar, mi personalidad es ya una fuente de energías capaz de colaborar con el medio, mejorarlo o corromperlo. Pasado un tiempo el mundo no es como es, es como yo soy, porque no puedo percibir más que a mi mismo en un entorno, y el peso de mi personalidad puede ser tan colosal que nada escape a su campo de gravedad, todo se transforma en yo y nada es por si mismo, a partir de ahí la sensibilidad se ofusca, mi sistema nervioso recibe una y otra vez no el mundo real sino una interpretación permanente y repetitiva, filtrada por una personalidad ciega empeñada en una defensa a ultranza del pasado de lo que fue, se ponen una y otra vez las mismas cintas de sufrimiento y negatividad, se pierde el contacto con la realidad y se vive desde una personalidad deformada, arbitraria, solo constante en su negatividad. Mi sistema nervioso capta cambios en mí y en el medio, y estos apenas existen cuando la personalidad se torna un filtro espeso del mundo, poco a poco el tamiz es tan espeso que solo puede tratar con lo mas grosero, es un tamiz inverso, solo lo atraviesa aquello con la suficiente carga energética para ser percibido por un sistema cada vez más insensible, más incapaz de interpretar energías finas, sutiles. Y el proceso se retroalimenta, con cada año que pasa la sensibilidad disminuye, la brutalidad del impulso ha de ser cada vez mayor para siquiera ser percibido y todas las energías finas han quedado filtradas por el cedazo. Hay un retorno a la sensibilidad pero solo desde la apertura, nutriendo de atención las energías que siguen llegando a este conjunto energético que somos, más allá de nuestra personalidad. Mientras permanezco atento a la sensación permanezco despierto, en el momento en que no soy consciente de que siento, duermo.