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VERSIóN IMPRIMIBLEimprimir / 6767 lecturas / Julio 2008

Facciones

Existen unas reacciones automáticas frente a los otros, la sonrisa es una de ellas. En el Japón medieval el sirviente que no sonreía raudo ante la mirada de su señor era reo de muerte, podemos comprender que solo dejaban descendientes aquellos que tardaban poco en sonreír y mostraban la sonrisa falsa más auténtica. Poco más o menos lo mismo ha sucedido en otras culturas, estar cerca del dirigente y sonriendo parece haber proporcionado mejores expectativas que lo contrario.

La sonrisa falsa no es sonrisa, pero cumple su función humillando a quien la ofrece y realzando a quien la recibe. Una sonrisa simulada consciente deshonra, centenares al día aplastan el ego por el agravio que suponen, si queda un resquicio de conciencia peor, pues es el amo quien se inclina ante el perro, hay pues mayor infamia, el pensamiento y la emoción se rebelan, la energía se pierde, el cuerpo se agota.

El cuerpo aprende unas cuantas respuestas adecuadas para el rostro y las repite hasta la infinitud, más allá de nuestra capacidad para sentir, estamos gesticulando con nuestra facciones sin percibirlo. Nuestro rostro se vuelve automático, el resto le seguirá. No estamos hablando de un codo, ni del hombro, hablamos de nuestro medio de expresión en el mundo, si nuestra expresión cae presa del automatismo, ¿qué parte no lo hará?.

Con el semblante cautivo el resto ,sumiso, le sigue al holocausto del sufrimiento, el rostro con su estigma arrastra en su degradación inconsciente al cuerpo que se doblega ante un poder anónimo. La tensión obliga a que la sangre se distribuya entre los órganos esenciales, la piel escasa de riego envejece de forma precoz, y el rostro sonriente se muestra más decaído y rancio.

En relajación el rostro se estira, la musculatura de la frente se distiende, los ojos descansan y los pómulos parecen pesar y estirarse, creando un espacio de distensión que se extiende al resto del cuerpo. La respiración se amplia, el calor agradable acude, el riego se facilita, aumenta la temperatura de la piel porque llega más sangre y el diferencial de temperatura con el ambiente aumenta, llega sangre, por fin, el rostro en calma, la respiración en calma, el cuerpo en calma. La relajación no es todo, pero sin relajación no habrá a donde llegar.